¿Cuántas veces se susurran cosas a la oreja Yolanda Barcina y Roberto Jiménez durante un pleno? ¿Los asientos de piel están calefactados? ¿Se le erizan las patillas a Maiorga Ramírez cuando grita? Misterios como éstos y otros más podrán resolverlos en persona cualquier ciudadano raso o cualquier concejal de ayuntamiento, gracias a una iniciativa del PSN para cambiar la norma con el objetivo de crear en el Parlamento foral el escaño 51. O, lo que viene a resultar, que los aludidos participen de manera puntual en las sesiones de la Cámara para defender proposiciones de ley que podrán presentar y que deberán estar suscritas por las firmas de 7.000 censados aquí mayores de edad. Iniciativa la socialista que los grupos discutirán y votarán el miércoles, y que suena a muy acertada porque le facilita al pueblo la posibilidad de comprobar en vivo y en directo si la política es, en verdad, tan nefasta como cree y de debatir de tú a tú con a quienes, en los tiempos que andan, tan poco aprecio dedica. De testar, por ejemplo, si en el hemiciclo o en una comisión son más los buenos oradores o los que son incapaces de hablar sin leer un papel a pesar de su sueldo y su dedicación exclusiva al parlamentarismo. En resumen, si el nivel de quienes nos representan es alto, medio o para llorar. Eso sí, el ordenador portátil, el iPhone y el iPad se los llevan ustedes puestos de casa, que la casa de todos los navarros necesita ahorrar. Con ellos no desentonarán.
(Envido publicado hoy en el ‘Semana a la vista’ de la última página de Diario de Navarra. La viñeta es del gran Forges)




